10 de marzo de 2012

¿PERDON?

 
Debe de ser difícil levantar el teléfono y pedir perdón. Te debe haber costado reconocer que lo has hecho mal, muy mal. No sé si por convencimiento propio o aconsejada. El resultado es ese “Perdón” que después de una ametralladora de palabras sin sentido  me pediste.

Estabas nerviosa, temerosa de que te colgara el teléfono, pero mi educación no me permite hacer tal cosa. Yo escucho aunque no me guste lo que estoy oyendo.

Ya te dije que hace más de un año me olvidé de ti, ya me habías hecho suficiente daño como para seguir mortificándome, he ignorado todos los comentarios que me han dicho que has hecho
¿Y de que te sirve pedir perdón? 

Cuando yo era pequeña y me confesaba quiero recordar que había unas normas: Examen de conciencia, dolor de los pecados y propósito de la enmienda.  ¿Enmienda?...

Sigue haciendo esos alfileres tan “peculiares” y esas “presentaciones”  pero no se te olvide que reconociste tu pecado. 

Yo sigo en mi postura, la que te dije, ignorándote para que no me hagas más daño, tu blog no lo visito quédate tranquila. 

He esperado un tiempo prudencial para hacer esta entrada por si decidías retirar todo el producto, no lo has hecho, todo lo contrario has vuelto a meter más.

¿Para qué pides perdón?

 Mi conciencia está muy tranquila, sé que me porté todo lo bien que sabía y podía contigo.

¡Tu misma!

*Esta entrada la tenía preparada y después me volviste a llamar ¿Para qué? ¿Quizás querías proponerme negocios? ¿Para eso me pediste perdón? Como te dije una puñalada la perdono, pero dos no me dan, y tú ya me diste una. Lo siento.